Historia 2018-02-20T21:22:47+00:00

Nuestra Historia

Principios

60 AÑOS DE FUNDACIÓN DEL COLEGIO DE NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO – BOGOTÁ

Dice San Agustín en el libro VII de las Confesiones: “DIRIGÍ MIS OJOS AL RESTO DE LAS COSAS Y VÍ QUE TE SON DEUDORAS PORQUE TIENEN LA EXISTENCIA. EN TÍ ESTÁN TODAS LAS COSAS FINITAS, PERO DE UNA MANERA DISTINTA; NO COMO SI ESTUVIERAN CIRCUNSCRITAS A UN LUGAR, SINO PORQUE TÚ, SIENDO TODOPODEROSO, LAS SOSTIENES A TODAS CON TU MANO, CON LA MANO DE LA VERDAD. TODAS ELLAS SON VERDADERAS EN CUANTO TIENEN SER”.

Las Confesiones, libro VII, BBFA, Iquitos, Perú, 2004, p. 120

Hoy, sirviéndonos de las palabras de San Agustín, nos sentimos deudores con la Providencia por la fundación y existencia de Nuestro Colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo (Bogotá), el cual por seis décadas nos ha permitido vivenciar nuestro carisma misionero a través de la educación.

Cumplir seis décadas es hablar de 49 promociones y de 4900 jóvenes que han compartido nuestra identidad y que han desarrollado su proyecto de vida sobre la cimiente de nuestra espiritualidad.

Hoy es un día de fiesta y celebración para las Hermanas de nuestra Congregación. Lo es también para los maestros presentes y aquellos que han dejado su huella a través de la historia, para los estudiantes actuales y exalumnos y, finalmente, para todas aquellas familias que han caminado paso a paso con nosotros en la búsqueda de mejores y mayores niveles de excelencia humana y con la cual hemos afrontado los difíciles contextos que, como colombianos, vivimos durante más de medio siglo.

Somos conscientes, como lo dice San Agustín en el texto mencionado “DE NUESTRA FINITUD” …sabemos de nuestros comienzos, pero no sabemos de nuestro final. Dependerá quizás de nuestra fidelidad a la exhortación, que la Madre del Buen Consejo nos comunique por medio de los distintos signos de manifestación que se dan en la historia, quizá también de nuestra capacidad de escucha de las nuevas realidades juveniles y de las respuestas que demos a requerimientos que cada momento histórico trae tras de sí.

Una mirada a los anaqueles nos permite reconocer las crisis que hemos tenido que afrontar como Institución y el florecimiento tenido frente a los mismos. Los desafíos siguen siendo enormes; hemos logrado dar algunos pasos, pero quizás debamos dar otros que se develarán en su debido momento.

Nuestros jóvenes, junto con las realidades del mundo, caminan a pasos acelerados con el riesgo y el temor de quedarse rezagados frente a los nuevos desafíos y, somos nosotros, la comunidad educativa en pleno, la que debe evaluar estos cambios y determinar la pertinencia de nuevas renovaciones.

A lo largo de todos estos años hemos hecho algunos cambios significativos en lo que respecta al currículo, la identidad (de femenino a mixto) y también en todo lo relacionado con las manifestaciones expresivas de lo cultural (abriendo las puertas a todas aquellas manifestaciones en las cuales nuestros jóvenes encuentran deleite y son plenamente felices) y, muy seguramente, tendremos que seguir atentos a los llamados del mundo moderno, como son el manejo equilibrado de las nuevas tecnologías para ser competentes y en las cuales hemos tenido logros y reconocimientos significativos. Pero también somos conscientes que sigue siendo un reto, en el momento mismo de educar, lograr que los valores humanos sigan siendo una prioridad en un mundo individualizado y corrupto. Los nuevos contextos que vivimos como país nos exigen educar para la paz y la reconciliación y se convierten en el imperativo de un país que quiere dejar atrás las atrocidades de la guerra. La formación en valores son una construcción colectiva como lo decía el papa Francisco en su reciente visita a Colombia.

Si bien es cierto que hemos tenido momentos difíciles, a veces el panorama se vuelve aterrador por el creciente fenómeno de la corrupción que afecta a todos los estamentos de la sociedad y por las prácticas globalizadas que atentan contra la vida del hombre, los animales y el planeta.

Encontrar las maneras justas de responder a todos estos desafíos es tarea de todos y se hace necesario traducir en criterios y acciones muy específicas aquello que nos recalcaba el papa Francisco de llevar a los jóvenes a “volar alto y no ser rastreros en su cotidianidad”.

Finalmente, así como empecé quiero terminar con la frase de San Agustín que nos invita a depositar en Dios toda nuestra esperanza convencidos de que si somos fieles en la oración, Él nos mostrará el camino que debemos seguir en cada momento: “porque tú siendo todopoderoso, las sostienes a todas con tu mano, con la mano de la verdad”.

Himno

Formulario de Admisiones 2018


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